ACOMPANYAMENT DIDÀCTIC CREATIU
17 octubre 2009
MAR CORTINA SELVA
ACOMPAÑAMIENTO DIDÁCTICO CREATIVO: FILOSOFÍA EDUCATIVA Y METODOLOGÍA DE TRABAJO CON LOS TUTORES Y CON LOS ALUMNOS EN LAS TUTORÍAS:
Nosotros tomamos nuestro destino en las manos, nos convertimos en responsables de nuestra historia mediante la reflexión, pero también mediante una decisión en la que empeñamos nuestra vida. MERLAU-PONTY
Cualquier reflexión que hagamos sobre la necesidad de educar en unos valores o en otros implica, a mi entender, que el docente lleve incorporados los valores que quiere transmitir tanto en su práctica docente como en su filosofía de vida y en sus creencias. La transmisión auténtica entre seres humanos se produce por vía directa, de ser a ser. La palabra es tan sólo un apoyo para las acciones, las explican y justifican; sin acciones coherentes, las palabras pierden su poder y su fuerza.
Esto supone reconocer que aquello en lo que creemos impregna lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Y viceversa. Lo que creemos de verdad tiene dos fuentes: el sistema cultural de creencias donde crecemos y la lectura que hagamos de las experiencias de vida. Ambas son modificables pero el primer paso es saber en qué creemos.
Vivir así la profesión docente nos lleva a la mejora personal y social. Personal porque nos conduce a la honestidad y a la humildad, a la vez que nos invita a poner una mirada atenta a nuestro hacer. Social porque nos conduce a una revisión constante de la lectura del mundo que nos habita y nos lleva al análisis. Ambas mejoras nos proporcionan sentido, direccionalidad y motivación. Todo esto no tendría cabida sino partimos de la aparición de una inquietud, de una necesidad, de un sentimiento de insatisfacción. Este es el punto de arranque: que algunos docentes con espíritu inquieto y sentido de la responsabilidad ética y social nos planteemos qué y cómo podemos hacer alguna aportación a la evolución humana desde la educación.
Lo que propongo es hacer un bucle en la mirada que damos cada día a nuestros alumnos, el bucle pasa por mirarnos primero, mirar el entorno donde habitamos y saber cómo y cuánto está condicionada la mirada que ofrecemos a los niños y jóvenes. Todo en un juego complejo de interacciones entre lo personal, lo profesional y lo social. Es un trabajo laborioso, silencioso y consciente con resultados inmediatos en todas nuestras relaciones, con la Tierra, con nuestros seres queridos, con nosotros mismos y con los agentes educativos.
Vamos a ver algunas premisas del Acompañamiento Didáctico Creativo que ilustraremos con ejemplos sacados de la experiencia profesional reflexionada:
- Saber del poder de la palabra y del poder del silencio. Mediante las palabras ponemos de manifiesto lo que oculta y abiertamente sentimos, nuestras intenciones, nuestras creencias y nuestras expectativas. En lo que decimos y en lo que no pronunciamos, nos mostramos. Las palabras constituyen el poder que tenemos para expresar y comunicar, ya sea miedo o confianza. Nuestra cultura está basada en las palabras pero el silencio tiene tanto valor comunicativo o más que ellas. Creemos que lo que debemos hacer siempre es intervenir y, además, de manera inmediata. No hemos sido educados en el silencio, por tanto llenamos las situaciones de palabras, de reacciones, de soluciones enlatadas con fecha de caducidad y no solemos dejar espacio a la reflexión íntima, a la interiorización, al no saber. Estos conceptos suelen provocar temor pero sólo es porque, culturalmente, no están relacionados con la profesión docente. Desde mi punto de vista, reconocer serenamente un no-sé-qué-hacer muestra una actitud humilde y autocrítica que descubre un horizonte de posibilidades antes no contempladas. El no-sé-qué-hacer o no-sé-qué-decir abre las puertas de la creatividad, del intercambio y de las soluciones inteligentes y originales.
Ejemplo:
Un alumno que habitualmente causa problemas con su comportamiento va caminando con una profesora por el pasillo, se dirigen a la fotocopiadora porque la profesora ha decidido darle responsabilidades como estrategia de confianza, se encuentran con otro profesor que, al verlos, dice “¿Qué Adrián, qué has hecho esta vez?”.
Comentario:
Con esa frase, estamos catapultando al alumno a seguir comportándose como todo el mundo espera que se comporte: problemáticamente. Si ese profesor fuera consciente de la importancia de las palabras, se daría cuenta de que éstas:
1.-No contribuyen en nada a mejorar la actitud del alumno suponiendo que el alumno estuviera allí por un mal comportamiento y
2.-Sí contribuyen a reforzar la imagen problemática del alumno si está allí por una inocente razón como es ir a hacer fotocopias.
Por otro lado, esa frase nos dice del profesor que en su fuero interno no cree que ese alumno pueda cambiar y así lo capta el niño quedándose en un callejón sin salida. El afecto y el respeto siempre funcionan, pero:
- Es necesario haberlo experimentado para creerlo
- Es necesaria la perseverancia y no esperar resultados rápidos, sabiendo ver las pequeñas transformaciones como indicadores de futuros cambios si somos constantes.
Dar afecto y tener respeto por los alumnos que normalmente no presentan problemas es fácil, lo admirable y deseable es hacerlo con los alumnos que constantemente nos ponen contra las cuerdas, ahí se pone en evidencia la calidad humana. Tod@s y cada un@ de nuestr@s alumn@s merecen el mismo respeto, y esto significa entre otras cosas que apuntemos a sus potencialidades intelectuales, relacionales y personales. Eso es formación.
Aprovechamiento didáctico:
Si somos impecables con las palabras, es decir que ponemos consciencia a lo que decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos conseguimos varios objetivos:
v Ser cuidadosos y respetuosos con quien tenemos enfrente.
v Ser conscientes de lo que pensamos y regular si es conveniente transmitirlo y de qué manera (autocontrol a través de la consciencia).
v Ser un ejemplo de ecuanimidad.
v Tener la autoridad moral para decirle a algún alumno que sea cuidadoso con sus palabras.
- Saber darse una importancia personal justa. Que sabe quitarse de en medio cuando la situación lo requiere, es decir que tiene en cuenta sus necesidades con el mismo grado de importancia que las necesidades del otro y aún va más allá trascendiendo ambas para entender y atender las necesidades del grupo, que al final redundan en beneficio de cada uno de sus componentes. Dejar a un lado “mis” preocupaciones para ocuparme de “nuestras” preocupaciones. Para poder hacer esto hay que afinar el sentido del oído y pulir la ESCUCHA.
Ejemplo.
En la sesión de Evaluación Inicial, uno de los profesores comenta que los niños de hoy no saben estudiar, que en su asignatura de Ciencias Sociales, él les pide que estudien una página diaria pero que la mayoría viene sin haberlo hecho pero que él insistirá hasta que lo consiga.
Comentario
El profesor tiene dos objetivos: cumplir el programa que tiene que dar y que aprendan a estudiar, lo cual pretende conseguir insistiendo en la tarea diaria de estudiar cada día una página. Es verdad que estamos hablando de 1º de la ESO y que se supone que ya deberían saber estudiar pero si el profesor constata que no es así tiene dos opciones:
a) Seguir pidiendo lo mismo a los alumnos y pasarse todo el año realizando la misma queja. Esto entorpecerá el objetivo del aprendizaje del temario e influirá en la desmotivación al recalcar todo el tiempo lo que no saben hacer
b) La otra opción, sugerida por otra profesora en la Evaluación, sería dejar de momento su necesidad de que estudien una página diaria y pararse a enseñarles a estudiar (necesidad de los alumnos). Con esto, aunque parezca un retroceso, conseguiría sus dos objetivos de manera fluida y habría cubierto tanto sus necesidades como la de los alumnos, favoreciendo que el grupo funcione sin tensión y con más motivación.
Aprovechamiento didáctico
Optando por la segunda opción, estaría transmitiendo:
- Que es importante tener criterio propio, saber qué pensamos sobre las cosas y las situaciones pero igual de importante es saber escuchar otros criterios y tenerlos en cuenta con el fin de enriquecernos todos.
- Que el conocimiento que poseemos hoy no es una verdad invariable y absoluta.
- Que estamos dispuestos a aprender durante toda la vida y de cualquier situación que se nos ponga delante.
- Que no seguimos inflexiblemente teorías educativas sino que, sin perder de vista nuestros objetivos, intentamos leer la realidad que tenemos en ese momento y adecuarnos a ella para avanzar en la consecución de ellos o en su revisión.
- Que, en muchas ocasiones, salimos más beneficiados si el grupo sale beneficiado.
- No tomarse las cosas personalmente.
Cada uno de nosotros en su corta o larga experiencia de vida ha establecido unas asociaciones y unos acuerdos en su mente. Cuando alguien nos insulta, nos alaba o nos da su opinión no lo hace porque sabe lo que hay en nuestro mundo sino que lo hace desde esas asociaciones o acuerdos que sólo tienen que ver con sus experiencias personales que, a su vez, están influidas por los preconceptos culturales. Si nos tomamos las cosas personalmente, somos presa fácil de reacciones injustas, y cualquier simple opinión puede entonces atraparnos. Esto significa que estamos haciendo suposiciones pero las suposiciones suelen llevarnos a las frustraciones. Del mismo modo, nuestras opiniones son fruto de los acuerdos y asociaciones emocionales que hemos establecido en nuestra mente, por tanto debemos darles la justa importancia y no más, de modo que lo que pensamos sobre una persona o una situación tiene más que ver conmigo que con el otro. Con esto no estoy invitando a la falta de acción ante una situación irrespetuosa o injusta sino invitando a poner consciencia sobre nuestras reacciones y su fuente.
Ejemplo
En un Instituto, se decidió agrupar a los alumnos conflictivos de 15 y 16 años en un aula donde se podría trabajar a otros niveles curriculares y desarrollar talleres prácticos. Uno de los alumnos, entraba cada día diciéndole a la profesora: “¿Quieres tragar dientes?” La reacción diaria de la profesora fue decirle cada vez: “No, Gabriel, no quiero tragar dientes, ni quiero que me lo vuelvas a decir, ahora ves y siéntate que vamos a empezar a trabajar”. Al cabo de una semana, dejó de decirlo.
Comentario
La reacción de la profesora es posible porque ese comentario se produce a los dos meses de iniciado el curso y se ha percatado que Gabriel no tiene en general un comportamiento irrespetuoso ni contestatario. Esa reacción de la docente indica que no se lo está tomando como una ofensa personal ni como una falta de respeto, sino que está sabiendo poner una mirada más amplia al alumno y a la situación con el objetivo de que el alumno tenga más respeto hacia ella pero no de manera impositiva sino con el ejemplo. Ha desarrollado una atención que abarca más allá del momento puntual, tiene la mente abierta, está al acecho para poder tener en cuenta en ese instante todas las circunstancias que hacen que ese alumno diga eso en ese momento. Este tipo de alumnos no tiene nada que perder, ya lo han perdido todo pero lo que no han experimentado es que se les trate con cariño, respeto y confianza. Si la profesora se lo hubiera tomado personalmente, le habría puesto una amonestación tras otra, hubiera llamado al jefe de estudios, lo hubiera expulsado de clase y todo el protocolo que le sigue. Hubiera conseguido eliminar esa conducta concreta (solución rápida) pero no hubiera obtenido ningún resultado positivo para el alumno a largo plazo.
Aprovechamiento didáctico
En este apartado estamos hablando básicamente de la diferencia entre acción y reacción. La acción proviene de la ecuanimidad y de la serenidad y ésta sólo es posible cuando no nos creemos el centro del mundo y sabemos ponernos en la piel del otro (empatía), entendiendo de donde procede lo que está haciendo o diciendo. La reacción es una acción inmediata, irreflexiva que proviene de nuestros miedos, inseguridades, heridas o insatisfacciones. Si ante una falta de respeto, reaccionamos de manera inmediata porque nos ha tocado, no salimos nunca del campo de lo personal, del yo, perdiéndonos el nosotros y la riqueza de lo interpersonal. Intentar cambiar la reacción por la acción requiere observación, atención y consciencia a la vez que es una apuesta por el aprendizaje de lo que significa ser humano.
- No evitar el contacto con el sufrimiento ni cierra los ojos ante la muerte. Reconocer que la vida está compuesta por las dos caras de la moneda, saber sacar provecho a las desdichas sin buscarlas. Saber que la vida es finita, que todo lo que empieza, acaba y todo lo que nace, muere y eso hace que la vida sea sagrada y valiosa. Cuando alguien sufre, lo único que podemos hacer por él, es estar a su lado, acompañarle, hacerle sentir que no está solo. No podremos librarle del sufrimiento pero sí hacérselo más llevadero. Más tarde o más temprano, la vida nos traerá alguna situación dolorosa. Si hemos activado nuestro sistema inmunitario emocional, cada vez tendremos más defensas y más capacidad de manejar e integrar sentimientos de dolor, tristeza o pérdida. Como educadores y como adultos no tenemos el derecho de privar a nuestros hijos o alumnos que vivan este tipo de situaciones a través de ocultamientos o mentiras, en cambio, tenemos el deber de encontrar la manera de comunicar una mala noticia y de aprender a estar con ellos en el dolor y el sufrimiento.
Las situaciones de dolor que puede vivir un niño o adolescente pueden ser muchas: la pérdida de un ser querido, el divorcio de sus padres, la pérdida de la mascota, un cambio de escuela, un cambio de provincia o de casa, el abandono de sus amigos, una decepción amorosa, etc. Es muy importante saber de su importancia en la formación de la persona por las asociaciones que haga en ese momento y que extrapolará a las nuevas situaciones de dolor o pérdida. También es necesario saber que estas situaciones van a influir de una manera u otra y durante un determinado período de tiempo en su rendimiento intelectual, en sus relaciones y en su comportamiento y por eso, nos atañe como docentes.
Ejemplo
Cristian es un niño de seis años que pierde a su madre después de haber estado tres meses en el hospital con un cáncer incurable. Al niño le han dejado visitar a su madre sólo un par de veces para que no la viera “deteriorada” y conservara un “buen” recuerdo de ella, cuando muere ni su padre ni su abuela saben cómo decírselo y no lo hacen, la misma tarde del entierro, cuando el niño sale de la escuela, sus compañeros que se han enterado por los comentarios de sus padres en casa (viven en un pueblo pequeño) le dicen que su madre se ha muerto, él dice que no, que está dormida (versión de la abuela). Durante varios días, el niño no quiere dormir. Su padre consulta con la psicóloga de la escuela que le aconseja decirle la verdad al niño. A partir de ese momento, el niño duerme con normalidad y en el colegio, empieza a dibujar a su madre en todas las situaciones, llenando cinco libretas. La maestra decide en colaboración con la psicopedagoga y el padre que le van a dar el tiempo que el niño necesite para despedirse de su madre, por tanto no le exige la misma tarea que a los demás si prefiere estar dibujando a su madre.
Comentario:
Cada persona tiene un tiempo y una manera de vivir sus pérdidas y todas son respetables. Sólo no interviniendo, sino acompañando, la persona conseguirá integrar esa pérdida. Todos, incluidos los niños y los adolescentes, si se sienten comprendidos, respetados y acompañados tenemos más capacidad para integrar las situaciones dolorosas. Cerrar los ojos al sufrimiento de los otros es egoísmo, justificado y encubierto por el tabú social. Estar con el otro en su sufrimiento, si lo desea y de la manera en que lo necesite, es generosidad.
Aprovechamiento didáctico
Si un docente trata con normalidad el tema de la muerte o cualquier otra pérdida y permite, sobre todo, que sus alumnos se expresen sin que él o ella introduzcan ninguna creencia están implícitas muchas cosas:
v Cualquier pérdida es algo que nos preocupa y, a veces, nos asusta pero podemos hablar de ello y compartirlo para reducir nuestros temores y acolchar nuestras preocupaciones.
v Si algún día nos sucede a nosotros, sabemos que no estaremos solos en el duelo.
v Las pérdidas es algo con lo que tenemos que aprender a convivir.
v La vida es alegría y sufrimiento y ninguna de las dos son para siempre.
v Utilizar la mentira, el taponamiento, la ocultación o la tergiversación dejan al otro en una soledad no buscada que aumenta su dolor. El origen de estas actitudes no es la protección del otro, como parecería, sino la protección de uno mismo.
- Valorar y respetar la experiencia y sabiduría de los más mayores. Convendría transmitir de todas las maneras posibles que perder el respeto por las personas mayores, ya sean profesores, padres o abuelos es como ir en un barco a la deriva. Uno de los sentimientos que originan estas conductas irrespetuosas es el desamparo. No estoy hablando sólo del desamparo afectivo, sino del desamparo ético. No sólo los niños y niñas, el individuo, en general, se encuentra más que en otras épocas encarado con él mismo y más obligado a actuar por su cuenta en muchos aspectos pero sobre todo en el aspecto ético. Existe cierta desorientación axiológica que, a mi parecer está muy relacionada con ese desamparo y con la soledad. La relación de la infancia con la soledad es un tema muy importante que podría ocupar una conferencia entera, pero basta utilizar el sentido común para saber que la soledad es constructiva y enriquecedora cuando se la elige y es limitadora y transmisora de mensajes muy poco amorosos cuando viene impuesta. Aunque poseemos un potente sistema de supervivencia emocional con multitud de estrategias, si esta sensación de desamparo perdura porque persiste la desorientación ética de sus cuidadores es cuando al crecer y convertirse en adolescentes pueden manifestar su insatisfacción a través de conductas agresivas y violentas buscando de manera equivocada el amparo que les faltó y les falta. Sugiero como reorientación, una educación con proa a la dignidad humana. Jorge Medina en su escrito “Pedagogía de los valores” dice literalmente: “Llegamos pues, a un punto crucial, donde se exige una postura definida y definitoria de toda nuestra labor educativa: o educamos desde y para la dignidad humana o, simplemente, no educamos”. La dignidad incluye no desamparar a nuestros niños y adolescentes en el más amplio sentido de la palabra y esto implica ofrecer un modelo ético de vida que incluye, inexorablemente un reordenamiento de los valores donde el cuidado y respeto hacia los mayores ocupa un lugar principal. Sin Norte, no hay dignidad ni respeto y entonces aparece el todo vale y a ver qué pasa.
Ejemplo:
En una clase de 3r. de la ESO, hay un alumno que suele comportarse de manera despótica y misógina. Le han sorprendido fumándose un porro en el patio y el profesor de guardia ha preferido decírselo sólo a la tutora y no al director para darle una oportunidad. Ernesto lo interpreta como falta de autoridad y se regodea en la situación, mofándose, llegando a decirle en medio de la clase a la tutora: “Tú, déjame en paz y sigue con lo tuyo”. La tutora lo comenta en la sesión de Evaluación Inicial explicando que hizo como si no lo oyera para no crear más conflicto.
Comentario
Lo que ha pretendido ser una actitud comprensiva por parte del profesor de guardia se interpreta como falta de autoridad para el alumno, y esto es a lo que me refiero con la desorientación de los educadores. Si está prohibido fumar en el instituto y más aún, porros, sencillamente se le aplica la sanción establecida vayamos a tener conflicto con el alumno o no. De igual manera, si hacemos como que no oímos una contestación como la anteriormente citada, proviniendo de un alumno que constantemente provoca y desafía, también desorienta a los demás alumnos y a él mismo. Los niños muy pequeños tienen un sentido de la justicia inmanente, es decir, que existe por sí misma. El concepto de justicia va evolucionando con la edad (Kohlberg, 1992), combinando la justicia retributiva con la distributiva. De alguna manera, los niños y adolescentes sienten que hacer justicia es lo que corresponde y eso significa dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, lo que no conciben es que aquellos actos o palabras que de una manera u otra dañan a otra persona o al grupo queden impunes. Un individuo que se aprovecha del grupo en el que convive, pone a éste en peligro, y por extensión a las personas que la forman. El sentimiento de justicia sería por tanto un producto social que protegería a largo plazo al grupo en su conjunto, aunque se tenga que sacrificar a corto plazo el beneficio de uno de los individuos que la forman.
La generalización de una ética laxa, relajada o excesivamente tolerante no beneficia al grupo en su conjunto. Cuando desmantelamos el sistema de autoridad autoritaria, hay que reemplazarlo con algo mejor, no con un permisivismo a ultranza. La democracia es una conquista que necesita de una autoridad que no apele al temor, sino a una cierta organización. En estas situaciones cotidianas dentro de las aulas es donde se cosecha la tan comentada falta de autoridad. En el momento sociohistórico que vivimos, más que nunca la autoridad sólo puede ser reconocida si procede de una actitud y comportamiento justos. Justo significa actuar en consecuencia y no dejar pasar aquellos actos o palabras que atentan contra la dignidad de cualquier persona o la convivencia del grupo. En este caso, la falta de respeto a los mayores, debe tener una respuesta más allá de si eso interrumpe la clase o causa un conflicto mayor. Esa vez y tantas veces como sea necesario. A él, en este caso y a cualquiera que hiciera lo mismo o algo parecido.
Aprovechamiento didáctico
Si juntamos la desorientación axiológica con la evitación del conflicto, estamos sembrando la desconfianza en el actuar justo que esperan de sus educadores y esto lleva a una desorientación donde algunos alumnos necesitan estar probando una y otra vez nuestras reacciones porque necesitan un código de conducta regulador que les oriente, necesitan saber cuándo se lo están saltando o cuando lo están respetando. A veces confundimos la educación comprensiva con la evitación del conflicto y éste con la comodidad. Educar requiere un esfuerzo y una implicación que no se puede dar sólo a veces y sólo con algunos.
- Hacer siempre lo máximo que podamos.
Ni más ni menos, sabiendo que ese máximo es variable según nuestro estado de ánimo, las circunstancias, la hora del día, etc. Intentar dar lo mejor que podemos de nosotros mismos en cada momento es actuar porque amamos hacerlo, porque disfrutamos de hacerlo no porque esperamos una recompensa ni porque hay detrás un espíritu de sacrificio. Si nos entregamos a cada momento, disfrutamos de pleno la vida. Expresamos lo que somos en la acción y en la no acción y todo está bien mientras no nos exijamos más de lo que podemos y no hagamos menos de lo que podemos. Vivir así produce satisfacción y sentido y nos ayuda a conocernos y respetarnos. Si somos capaces de hacerlo con nosotros mismos, seremos más considerados con las posibilidades y la entrega de los demás. Cada persona tiene un ritmo y una manera de utilizar su energía disponible. Juzgar es malgastar la energía que tenemos, es desviarla en lugar de centrarla en el autoconocimiento y en el ser mejor.
Ejemplo y comentario:
Cualquier profesor o profesora que constantemente se hace replanteamientos educativos y metodológicos para atender a la formación curricular y personal de cada uno de sus alumnos así como al grupo, a través de:
- Sus reflexiones basadas en la experiencia (investigación-acción)
- Del intercambio con otros compañeros,
- De la formación permanente o
- De lecturas.
Cualquier profesor o profesora que ponga más atención a sus palabras y a sus silencios; a sus acciones y reacciones, a qué clase de autoridad está ejerciendo. Cualquier profesor o profesora que opte por VER más ampliamente y ESCUCHAR en todas las direcciones.
Aprovechamiento didáctico
Los alumnos captan si hay dinamismo o pasividad, si los profesores actúan con inercia o con entusiasmo, si hay comunicación o no, si hay una adecuada transmisión de los contenidos, si hay retroalimentación para ver si lo impartido se ha comprendido, si hay creatividad en las propuestas, etc. Y cualquiera de estas actitudes puede contagiarse, contribuyendo a la motivación o desmotivación.
- Tener un propósito de vida y encaminar los pasos para conseguirlo.
Si no vemos la diana, no sabemos donde dirigir las flechas. Como educadores, es importante conocer qué objetivos tenemos, de todos ellos habrá algunos que permanecen como un faro que nos guía y otros que van cambiando según lo vivido. Sea como sea, una revisión constante de cual es nuestro norte, qué es lo que nos empuja hacia delante, qué nos gustaría conseguir es de vital importancia. Si así lo vivimos, así lo transmitimos y estamos ayudando a que cada alumno encuentre su propósito. Muchas de las patologías relacionadas con el sentido de la vida tienen que ver con la falta de propósito. Descubrir nuestro sueño y perseguirlo, orienta, motiva y da sentido. Para pasar esto al aula, podemos hacerlo de dos maneras, una que ya está establecida y se llama orientación vocacional, la cual debería impregnar la educación y no quedarse sólo en un compartimento estanco con una serie de sesiones informativas sobre las diferentes profesiones y un pase de tests con su consejo orientador en 4º de la ESO, sino comunicar a los alumnos que en cualquier momento, a través de alguna experiencia, de algún ejemplo adulto, de algún documento audiovisual, de alguna conversación con alguien, etc. puede emerger nuestro propósito y, por eso es muy importante permanecer atento y sensible a cualquier indicio orientador. La otra es la que comento en el ejemplo.
Ejemplos
ü Montse, una profesora de Educación Infantil, explica porqué hace cada actividad, qué se propone con ella y qué espera de los alumnos.
ü Gonzalo, un profesor de E. Primaria, dedica los diez últimos de cada clase de su asignatura a que hagan un breve resumen de qué es lo que han hecho en esa hora, porqué lo han hecho y qué pretendían con ello, a la vez que les pide una autoevaluación sobre si lo han comprendido o no.
ü Dolores, profesora de E. Secundaria antes de empezar la clase, pide a algún alumno que lea su “reflexión”, ésta consiste en que los alumnos en casa deben redactar algunas líneas sobre lo que han hecho en la clase ese día, el objetivo de haber estudiado eso y si lo han asimilado o no.
Comentario
Los ejemplos citados pretender mostrar que es importante tener objetivos y saber si los estamos cumpliendo. Esto proporciona seguridad, motivación y orientación a los alumnos, tengan la edad que tengan.
Aprovechamiento didáctico
Si como educadores estamos orientados, tenemos un propósito y encaminamos nuestros pasos a conseguirlo de manera flexible pero atenta, los alumnos trabajan mejor ya que entienden qué están haciendo y qué sentido tiene que lo hagan, por tanto realizan una asociación positiva entre hacer las cosas y saber porqué las hacen y pueden fácilmente extrapolarlo a su vida así como van creciendo y madurando.
- Saber reírse de sí mismo y vivir con humor.
Reírse de sí mismo es saber desidentificarse de la situación, que es lo mismo que no tomarse las cosas personalmente. Ante una conducta inapropiada podemos reaccionar de diferentes maneras, sea cual sea la que adoptemos, el humor –que no el cinismo- no es incompatible con ninguna de ellas. Si el ambiente que solemos crear en clase está salpicado con gotas de humor, entonces los alumnos no quedarán totalmente desconcertados si también salpicamos de humor una situación delicada o conflictiva. El humor siempre aligera la posible tensión sin quitarle la importancia que dicha situación se merezca. El humor crea calidez y complicidad, y la complicidad invita al respeto. El humor es el fruto de una civilización que ha evolucionado, una de las formas más elevadas de la vida social. Por su naturaleza, la risa es democrática y el humor es un antídoto contra el dogmatismo y la violencia. Su gran fuerza crítica la convierte en un poderoso instrumento de progreso y de cultura. El diálogo humorístico es un método educativo; es decir, un método de comunicación y de comprensión. Es una experiencia que mueve a confrontar lo obvio y a reírse de ello al verlo desde otra perspectiva en la que surge lo cómico o la contradicción. En este apartado no voy a poner ejemplos, porque las contestaciones “graciosas” sacadas de su contexto pierden toda su fuerza y su gracia. El humor surge de la serenidad y de la ecuanimidad y los tres están íntimamente relacionados con la creatividad, la cual nos permite VER la situación de manera compleja y global y, desde esta visión, podemos dar una respuesta lo menos parcial posible. La creatividad y el humor facilitan que nuestras respuestas estén más allá de inercias educativas, tendencias psicológicas ya superadas, premisas culturales e interpretaciones personales. Una de esas premisas culturales dice que si educamos con mucha seriedad lo vamos a hacer mejor. O no. Ahí dejo la propuesta.
Aprovechamiento didáctico
Que tengamos humor significa que estamos disfrutando con lo que hacemos, que estamos a gusto con los que estamos, que aprender es interesante y divertido, que no estamos en la escuela porque es nuestra obligación solamente sino que también ha sido una cosa elegida y que vamos a intentar sacarle el mayor provecho posible en todos los sentidos. Y todo esto, nuestros alumnos lo captan.
A modo de conclusiones:
Educar desde esta perspectiva, pretende ser un proyecto alentador que exige un compromiso y un espíritu de cambio en el docente. Si no existiera ese espíritu de cambio, el docente necesitará saber qué beneficio personal o profesional obtendrá a cambio, es decir, necesitará encontrarle un sentido para que ese esfuerzo valga la pena. En esta propuesta, va implícito un rearme cognitivo, emocional y conductual, por tanto se ha de hacer de una manera gradual y consensuada para que tenga no sólo consecuencias positivas individuales, sino grupales. Algunas de ellas que los más incrédulos pueden ver y tocar son:
- Disminución de los conflictos en el aula.
- Aumenta la motivación y la participación de los alumn@s
- Mejoran las relaciones entre los profesores
- Participación activa de los padres y madres
- Mayor motivación profesional
- Mayor alegría generalizada en alumnos y profesorado
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